Su madre...
(Espido Freire; "Cuentos malvados")
La luz ensucia el cielo... Demasiada luz... La luz oculta las estrellas... Mi cielo está vacío con demasiada luz.
Cuatro chicos uniformados entraron en su casa y lo empujaron contra una esquina del salón. En sus caras había cierta congoja. Parecía que el tiempo no hubiera pasado dentro de aquella estancia, las telarañas dominaban sus techos, y una capa de polvo dificultaba la respiración y lo teñía todo de ausencia de color. El hombre, de mirada triste y barba canosa, los miraba en silencio, sin asomo de miedo, ni rabia, ni sorpresa. El más rubio de los jóvenes lo amenazó con su fusil. Cualquiera de ellos podría ser su hijo, o incluso su nieto, si alguna vez los hubiera tenido...
Él se sentó ante su piano, y sin mirarlos siquiera, empezó a tocar su melodía favorita. Cerró los ojos, balanceó su cabeza al compás. Empezó a recordar su infancia, en la granja, creciendo y siendo educado por la naturaleza. Recordó a aquella mujer, a la que amó más que a nada ni a nadie, aunque sus caminos no siguieran de la mano. Sintió la nostalgia de una juventud que se había marchado entre pequeños e intensos momentos de felicidad, y largos periodos de sufrimiento. Las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro. Siguió tocando con furia. Después descendió el ritmo, su respiración estaba acelerada...
Súbitamente, dos disparos rompieron la armonía en la sala. Todos enmudecieron, únicamente se oyó el estruendo del cuerpo del pianista al desplomarse contra las teclas del piano. Despés, sólo silencio... y sangre... y el recuerdo de una melodía maldiciendo las vidas de los asesinos de la libertad...
(TEE7H1NG; 11/06/2005)
Érase una vez un pequeñuelo al que le daban miedo el fuego, las explosiones y el olor a pólvora quemada... lloraba preguntándose por qué... con el tiempo comprendió que ese fuego, esas explosiones, esa pólvora, no eran las que realmente mataban... y entonces dejó de sentir miedo y empezó a sentir dolor...
Ven pequeño, aquí no tienes nada que temer.
Yo puedo mitigar tu sufrimiento, eternamente.
Puedo hacer que dejen de sangrar las llagas que se ocultan tras tus retinas, cuando tus ojos contemplan el terror.
Puedo llenar de flores tu boca, que se abre paralizada y muda antes de arrancar el llanto inducido por el dolor que no comprendes pero puedes sentir.
Puedo cubrir con una suave alfombra escarlata el suelo sembrado de cadáveres entre los que tus pequeños pies desnudos y delicados intentan abrirse paso, temblando.
Puedo calentar con llamas furiosas tu rostro helado por el miedo y por la implacable escarcha de la madrugada a la intemperie.
Hubiera deseado para ti una vida diferente.
Que hubieras disfrutado de la inocencia que por derecho te pertenecía.
Que los árboles de la alameda hubieran escuchado tus carcajadas mietras jugabas cada tarde entre saltos y saltamontes.
Que hubieras aprendido de la amistad y el compromiso de tus semejantes.
Que hubieras gozado con el sabor de las golosinas de la abuela los domingos por la tarde.
Pero sólo así puedo hacer comprender a este mundo salvaje y acabado que se están lanzando a la carrera por el camino que va a ninguna parte.
¿Entiendes ahora por qué debo cruzar tu frente en el camino de la bala disparada por el arma que tu propio hermano sostiene entre sus manos en este precioso instante?
Ven, y deja el temor para los que sobrevivan...
Soy tu muerte.
(TEE7H1NG; 31/05/2005)
La primera parte no es mía, es de Eneritz (dejo la referencia a su fotolog); en esas líneas me basé para la continuación que sí escribí yo... ;)
Y allí me podréis encontrar siempre,
navegando en el vacío,
abrazando la serpiente.
Y cuando ya ni sienta ni padezca tu mal,
recurriré a las viejas fuerzas
y te clavaré las garras en la carne dolorida.
____(Die Libelle)_____ http://www.fotolog.com/caitlyn_damned
Entonces ven, clávalas aquí en el corazón, desgarra la carne muerta para que pueda volver a bombear sangre contra las paredes de mi celda, quiero volver a escuchar como las paredes tiemblan al enfriarse el fluido granate, y se quiebran y caen hechas pedazos para dejarme volar libre...
Clávalas fuerte, que no quede ni rastro de pesadas notas de melancolía. Hurga en el interior filoso de la caja roja en busca de resquicios agonizantes de tristeza y pártelos en dos, luego en cuatro, desintégralos. Añade un poco de sal para que llore lágrimas de escozor, y que las moléculas acuosas arrastren las raíces de la apatía y el sinsabor.
Clávalas hondo, que cuando brote la sangre, empape la tierra, y así las gotas oscuras y amargas hagan emerger hermosas flores rojas sedientas de luz y viento, con sus tallos armados con espinas... espinas que a su vez se clavarán en la carne de aquellos que intenten atentar contra su vida...
Ven, clávalas en la carne y desangra el dolor...
(TEE7H1NG; 01/06/2005)


Envuelvo mi cuerpo en plástico para perder la sensibilidad. Para dejar de sentir odio, miedo, amor o ilusión. Para no saber qué se siente en el calor de un abrazo. Para no sentir unos labios sobre mi piel. Para no sentir la furia ante la injusticia rutinaria, ni sentir el aire fresco aplacando esa rabia. Para no encenderme en fuego al sentir cerca tu presencia. Para no estremecerme al contemplar una mirada bañada en deseo. Para no llorar de impotencia al escuchar la amargura de un niño que siente un dolor que no comprende. Para no sentir la fatiga de una vida que intenta confundirnos. Para no oír la llamada de la muerte que viene a llevarse a un ser querido. Para no recordar los momentos de felicidad que ya no volverán. Para no dejar que la esperanza penetre por mis poros hasta mis entrañas y retuerza mi estómago con sus dedos nerviosos. Para no salir de una insípida burbuja de aislamiento.
Pero una voz dentro de mi cabeza me atormenta con su risa maliciosa. "¿Qué haces así disfrazado?" Un temblor recorre todo mi cuerpo, puedo adivinar lo que va a suceder. Tras una leve convulsión, mi corazón lanza una mano invisible y rasga el plástico y lo hace pedazos. "Soy yo quien mueve las mareas para mecer a la Luna, y no puedes parar el fluir de tus propios sentimientos con una simple barrera transparente. Siente, ríe, llora, déjalo libre y vive..."
(TEE7H1NG; 03/05/2005)
cuando Dios creó el amor no ayudó mucho
cuando Dios creó a los perros no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas no fue muy original
cuando Dios creó el odio tuvimos algo útil
cuando Dios me creó a mí, bueno, me creó
cuando Dios creó al mono estaba dormido
cuando creó a la jirafa estaba borracho
cuando creó las drogas estaba colocado
y cuando creó el suicidio estaba deprimido
cuando te creó a vos durmiendo en la cama
sabía lo que hacía
estaba borracho y colocado
y creó las montañas y el mar y el fuego
al mismo tiempo
cometió algunos errores
pero cuando te creó a vos durmiendo en la cama
consiguió de veras algo para Su Bendito Universo
(Charles Bukowski)
Miro más allá de la luz, intentando que algo se ilumine en mi interior. Me busco a mí mismo, debí perderme en alguna parte, sólo debo recordar dónde.
No pienso en el tiempo, intentando encontrar el momento. Me busco a mí mismo, debí perderme en algún instante, sólo debo recordar cuándo.
Pruebo a no seguir un método, intentando encontrar la manera. Me busco a mí mismo, debí perderme de algún módo, sólo debo recordar cómo.
Escucho por debajo del silencio, intentando que su sonido haga eco en mi interior, tengo que pronunciar la palabra adecuada. Me busco a mí mismo, sólo debo recordar qué decir.
Cierro los ojos, relajo mi cuerpo y caigo inerte contra el suelo. Acabo de encontrarme, debo dormir, fluir lejos de la materia, porque siempre vivo en un sueño...
(TEE7H1NG; 29/04/2005)
Le llamaban saltacadáveres... era un niño de aspecto desaliñado, delgaducho, y con ojos hundidos en su cadavérico rostro. Su piel era extremadamente pálida, según decía el doctor, debido a alguna enfermedad que afectaba a la pigmentación de las células superficiales. Rara vez pronunciaba alguna palabra, y a menudo, cuando la maestra le hacía alguna pregunta, él se quedaba mirando fíjamente al vacío, sin decir nada, ausente.
Quizás era su aspecto o su manera de comportarse lo que motivaba a los demás chicos a dejarlo al margen, unos por miedo, otros por mofa, y otros... porque simplemente no existía. Durante el recreo, mientras los demás niños jugaban, él se sentaba junto a la valla, observando la carretera y contaba coches clasificándolos por colores, o buscando extrañas casualidades numéricas entre las matrículas; o se encerraba en la biblioteca del centro y leía extrañas historias (para un chico de su edad); o se acurrucaba en su rincón favorito del pasillo, conversando entre susurros con alguna criatura imaginaria...
Por las tardes, cuando salía a la calle, sufría la misma suerte y se conformaba con ver a los demás niños jugando al potro. Le encantaba ese juego! Por eso cruzaba la verja de hierro del antiguo cementerio y corría saltando las lápidas una tras otra... hop, hop, hop!!! Aquellas piedras eran sus únicas compañeras de juego.
A la gente del pueblo no le gustaba que aquel estúpido chico hiciera aquello, y muy a menudo, Tono, el enterrador, tenía que asustarlo y amenazarlo para que el niño dejase de jugar entre los muertos.
Súbitamente, algunos niños del pueblo empezaron a enfermar, uno tras otro. Sudaban fiebres altísimas y su piel se volvía pálida como la nieve y sus miradas se perdían en la nada. Pasados unos días, mejoraban, pero el médico del lugar no encontraba una explicación a la enfermedad. Rápidamente se difundió el rumor de que saltacadáveres imaginaba la cara de alguno de los niños (que según ellos, él envidiaba horriblemente) mientras jugaba entre las lápidas, y por eso los pequeños enfermaban.
Hasta que llegó el fatídico día en que uno de los niños murió agotado y debilitado por las fiebres. Esa tarde no fue Tono quien se acercó al cementerio para expulsar al chico. Varios vecinos lo acorralaron, apedrearon y apalearon, hasta que el niño murió asustado, desangrado, y confundido, en lo que el pueblo consideró una justa venganza. Nadie reclamó a saltacadáveres, y aquella misma noche el enterrador le dio sepultura en esa tierra ingrata.
Los niños siguieron enfermando de fiebre, frío y palidez, hasta que algunas semanas después, las autoridades, tras una inspección sanitaria, descubrieron la raíz de la infección que afectaba sólo a los más jóvenes. Pocos fueron los que a pesar de todo sintieron lástima por el chico, saltacadáveres.
Todavía hoy, afirman, que las tardes de lluvia se puede escuchar el chapoteo de carreras y pequeños saltitos entre las lápidas del viejo y solitario cementerio...
(TEE7H1NG; 14/04/2005)
Su herida golpead de vez en cuando;
no dejadla jamás que cicatrice.
Que arroje sangre fresca a su dolor
y eterno vivirá en su raíz el llanto.
Si se arranca a volar, gritadle a voces
su culpa: ¡qué recuerde!
Si en su palabra crecen flores, nuevamente,
arrojad pellas de barro oscuro al rostro,
pisad su savia roja.
Talad, talad, que no descuelle el corazón
de música oprimida.
Si hay un hombre que tiene
el corazón de viento,
llenádselo de piedras
y hundidle la rodilla sobre el pecho.
(Pero hay que tajar noche
- tajos de luz- para salir al Alba
y acuchillad los muros de las heridas altas
y ametrallar las sombras con la vida
en las manos
sin paz,
amartillada).
Tengo más vidas que un gato
me muero siempre y me mato,
un poco,cada vez que muere
cualquiera de mis hermanos:
La yerba, ratones, las tías, los gitanos,
los peces, los pájaros, los invertebrados,
las moscas, los niños, los perros, los gatos,
la gente, el ganado, los piojos, que mato,
los bichos, salvajes, los domesticados
y que pena si mueres de los pobres gusanos.
Tú arranca,
yo oigo gritar a las flores,
allá tú con tu conciencia,
yo soy cada día más malo
estoy perdiendo la paciencia.
Tú arranca,
yo aprendo como aguilucho,
vuelo a un mundo imaginario
(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).
(EXTREMODURO)
Termino de encender la vela del quemador, me vuelvo y contemplo como tus ojos brillan a pesar de la escasa luz. Me acerco, despacio, no puedo dejar de mirarte. Te abrazo, te beso. Me sonríes y me contagias la sonrisa. Desabrocho tu blusa y siento el calor de tu piel desnuda debajo. Te beso en la cara, en la comisura de los labios, en la barbilla, en el mentón, en el cuello, baño tu cuello en besos! Dejo que tu ropa caiga y te sigo besando los hombros, acaricio tu piel, beso tus pechos, te miro... uffff! Te deseo! Me coloco detrás de ti, retiro con cuidado tu pelo y te sigo besando en la nuca, en la espalda, en el cuello, mientras mis manos acarician todo tu cuerpo. Me acerco a tu oído y te susurro que TE QUIERO, siento como las palabras fluyen desde lo más profundo de mi ser. Nos echamos en la cama, te abrazo, te miro a los ojos, te beso en la boca, estoy loco por ti, te amo! Nos unimos, acaricio cada centímetro de tu piel con mi cuerpo, soy fuego...
Abro los ojos... despierto... estoy solo, sudando... paso el resto de la noche dando vueltas en esa cama vacía y sucia... no vas a volver... cojo el vaso de agua y doy un sorbo, sonrío, eso también me recuerda a ti...
(TEE7H1NG; 29/03/2005)
Nos da miedo mirarnos en un espejo e intentar descubrir quién somos... ¿por qué? ¿y si no es un sólo espejo? (que no lo es) ¿y si son muchos espejos y cada uno da su visión de ti mismo? ¿qué haces entonces? ¿a cuál de los espejos vas a creer?... 

Uno de los poemas de este "mostro", que me encanta...
Skunk D.F. tienen un tema basado en estas letras,
que se titula "2-3-6-8-10"
(por el compás en el que se asienta el ritmo de la canción).
Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.
Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.
Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.
Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.
Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.
Aunque te falten las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.
Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.
Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y uno solo la muerte.
(Miguel Hernández)
