
Ya no sentía el frío, ni el calor, ni la lluvia, ni el viento, que sin embargo dejaban serias huellas en su exterior, de las que ni siquiera se percataba. Ya no sentía nada en su piel, no parecía saber nada de cuanto acontecía en el mundo... sólo en su interior parecía haber algún asomo de... de qué?
Un reguero de putrefacción resbaló desde el lugar en que un día estuviera su corazón. En su estómago, donde borbotearon las mariposas llenas de ilusión, ahora solamente golpeaba el eco de una voz dibujando un nombre... el de ella...
Los sauces lloraban cada amanecer, al comprender la tragedia de aquel compañero solitario en el parque...
(TEE7H1NG - 16/02/2008)